Siempre Freire
La intención del presente, es mostrar el pensamientos de uno de los teóricos más importantes en el ámbito educativo de los últimos tiempos: Paulo Freire. En estos momentos, en el marco de la construcción del paradigma de la Nueva Escuela Mexicana mediante el Programa 2022, es relevante regresar a Freire, analizar algunos de sus libros y su relación con la educación que pretendemos brindar a los menores de educación básica.
En su segunda carta del libro “Cartas a quien
pretende enseñar” nos habla del “Miedo a
la dificultad”, relevante debido al hecho de que los docentes
se sienten temerosos ante la posibilidad de recibir en sus aulas a uno o más
niños con discapacidad y a trabajar aquello que es innovador, pretendidendo quedarnos con "lo que siempre nos ha funcionado". En palabras de Freire (2010) citando el diccionario
Aurélio, el “miedo” es un “sentimiento de inquietud frente a la idea de un
peligro real o imaginario” (Pág. 61) Y relaciona el miedo con lo difícil, y la
inseguridad que esto provoca, y dice “no se trata de negar el miedo” (Pág. 62)
sino de no permitir que el miedo nos deje paralizados frente a la situación que
resulte desafiante.
Al enfrentarnos al miedo, considera, es importante en
primer término identificar las razones que lo están provocando, para después
compararlas con las posibilidades que tenemos de enfrentarlas con éxito, para
finalmente “aplazar el enfrentamiento del obstáculo y volvernos más capaces de
hacerlo mañana” (Pág. 62) Subrayando que lo relevante se encuentra en cómo el
sujeto lo confronta, la capacidad que tenemos de respuesta ante el miedo. “Huir
frente a la primera dificultad es permitir que el miedo de no llegar a un buen
fin en el proceso…nos paralice” (Pág. 64) Los docentes confrontan el miedo al
enfrentarse a situaciones desafiantes, como puede resultar la presencia de un
niño con discapacidad en el aula o enfrentarse a nuevas formas de realizar una planeación didáctica, en este sentido Freire (2010), nos invita a enfrentar el
miedo y salir victoriosos.
En su cuarta carta, Freire (2010), nos invita a reflexionar acerca de las cualidades del maestro progresista: la humildad, la amorosidad, la valentía, la tolerancia, la decisión, la seguridad, paciencia y la alegría de vivir. Mismas cualidades que se deben fomentar y que se adquieren en la práctica cotidiana. A estás cualidades agregaría la empatía, consideran que los docentes tenemos ahora en nuestras aulas niños y niñas con diversas capacidades y características, y depende de nosotros identificarlas, dando a los niños y las niñas las herramientas necesarias para su desarrollo holístico.
Para Freire, todo acto educativo es un acto político,
por lo que construye una pedagogía que vaya más allá del aula, va hacia las
luchas sociales, hacia la comunidad. En “Pedagogía del oprimido” (1970) divide
a la sociedad en “oprimidos y opresores”, señalando entre los opresores al
explotador, al rico, quien, desde una “pedagogía de dominación” deshumaniza al
oprimido. El oprimido es el pobre, el campesino, el indígena (los llamados en
la pedagogía del Sur como los grupos vulnerables), sujetos que, al no tener
libertad le temen, ya que han sido humillados y crean sus expectativas en ser
ellos los opresores. Plantea en ello Freire (1970), el gran dilema, pues, el
oprimido no quiere dejar de serlo ya que teme a la libertad, sino que quiere
convertirse en opresor. Y sostiene la posibilidad de una nueva pedagogía que
permita al oprimido darse cuenta de lo que conlleva la figura del opresor,
creando entonces la posibilidad de convertirse en hacedor de nuevas realidades.
Freire se opone vehementemente a la memorización de los
contenidos sin sentido, alegando en ello una visión descontextualizada de la
propia realidad política y social. Cavila Freire, que los estudiantes no son
envases por rellenar con conocimientos, tal como intenta el régimen dominante, defiende la idea de un aula en donde ambos, profesores y estudiantes sean a
la vez educadores y educandos.
En “Pedagogía de la esperanza” (1992) Freire plantea el concepto de “concienciación” y lo define como la capacidad de analizar críticamente las causas y efectos de la realidad que vive la sociedad. Propone la humanización del oprimido, quien ha sido deshumanizado por el opresor.
En “Pedagogía de la liberación”, Freire, pretende que
el estudiante sea un ser consciente sobre su propia realidad, y, a partir de
ella pueda crear un diálogo entre iguales con su profesor y compañeros para así
trabajar en la transformación de la realidad, llamada en el programa 2022
“comunidad”. En otra de sus obras,
Freire plantea “…el alumno no debe ser llenado por el educador, sino desafiado
por él” (Martínez. G, 2015, pág. 65) nos invita a que el profesor sea quién motive al estudiante hacia el
descubrimiento de la realidad y que el aprendiz a su vez se transforme en
maestro y viceversa; crear un ambiente de aula en el que todos tienen cabida y
todos aprenden de todos y con todos. Y nos permitimos afirmar con Freire “Si
bien la educación no lo puede todo, sí puede algunas cosas” (Freire, 2016, Pág.
46)
Se puede concretar la obra de Freire en el entendido de que la educación en toda la extensión de la palabra es la “praxis”, en que, el ser humano reflexiona y acciona en el mundo manteniendo una postura crítica y dialógica; invitándonos a reflexionar en nosotros mismos y nuestro papel en el curso de la historia.